Tuesday, April 25, 2006

Set up

Llega la hora de plasmar las primeras palabras en este espacio, valga la escasa creatividad al denominarlo de esa manera. Y cuando arriba la hora de la "menor farsa" - aclaro que no creo en la categoría verdad -, se me entorpece el fluír de las ideas por un motivo que esta vez no consiste en la ausencia de mis musas, sino en la presencia de un pesado hijo de la concha de su madre, que en plena sala de sistemas de lo que convenimos los estudiantes de Derecho de la Unhiversidad Nacional de Colmbia en llamar Tártaro o Averno, malgasta energía química y vida útil de los músculos de su maldita y soez jeta en prodigar estropicios y bestialidades, con el innoble propósito quizá de avasallar la tenaz resistencia que le ofrece una fémina a su acerba idiotez y su retahíla indignante e insulsa, cuando no exasperante. Lo he decidido: Odio a este tipo!!! Les parece excesivo odiar a un mequetrefe que sólo se ha oído una vez en la puerca vida? Me importa un tamarindo. Sí, lo odio ¿y qué? Una de las ideas reiterativas y tal vez asfixiantes que encontrarán mis queridísimos lectores en este blog es justamente la siguiente: Tenemos el derecho a odiar, a despreciar y a desear cortar de la existencia a cuanto nos perturbe. No siempre a cortarlo en efecto, mas sí a desear hacerlo. Las consideraciones sobre las funestas consecuencias que puede acarrear para el género humano el odiar y destruír lo que no toleramos las dejo a sus conciencias, si es que tienen. Pero si podemos desearlo, tener la espinita y esto no es para nada malsano. Si esta proclama de futilidad del absurdo valor de la tolerancia, precisamente les provoca intolerancia, hagánlo saber en sus comentarios. O si no, hagan lo que a bien tengan.
Sin otro particular y esperando empobrecer aún más este bolg, me suscribo.